Carta de María Angélica Sabelli, junio de 1972, desde el penal de Rawson a su madre
“Tenemos piecitas individuales con ventanas de 0.60 por 0.20 de las cuales podemos salir y entrar hasta las 21:30 hs. De allí en adelante hay que quedarse en la piecita hasta las 7:30, pero la luz podemos dejarla prendida hasta cualquier hora. Tenemos un timbre para llamar al celador cuando queremos ir al baño. Todas las piecitas dan a un pasillo ancho y muy largo que tiene de un lado un ventanal y del otro las rejas. Las rejas dan a un hall y a ese hall da el pabellón del resto de las chicas. También los baños tienen agua caliente central y ventanas a ambos lados. También hay una pileta grande para lavar que tiene agua caliente. Todo el día tenemos luz y sol. Además por estar en el primer piso vemos el horizonte y la salida del sol: hacia el lado de la entrada del penal están las casitas de Rawson, y por atrás el llano. Al llano da la ventana del hall, donde permanecemos casi todo el día. En el hall hay tres grandes estufas donde podemos hacer café, té y mate. Nos traen la comida hecha. Es muy rica y abundante, aunque siempre la misma.”
Pobre y maravillosa María Angélica, que con su generosa imaginación, llenó los pasillos de luz, calentó el agua del penal, y encendió las estufas, sólo para que sus padres no se angustiaran. Llevaba allí cien días. Había llegado en marzo, ocho meses después del contingente inicial.
Tomado de “La Pasión Según Trelew”, de Tomás Eloy Martínez

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