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CON LOS TRABAJADORES
Y CONTRA LAS BUROCRACIAS


“…El poder económico y el poder de fuego
 son monopolios sagrados en ese mundo
 de pequeños déspotas sin cabeza, de arcángeles
 blindados que vigilan la insumisión de las
 masas hambreadas, de adoradores de fetiches,
de payasos solemnes, de respetuosos de la respetabilidad,
 de púrpuras y togas tendidas para
que no se vean las verdades peligrosas...”

John William Cooke

La represión desatada en la planta de la empresa Kraft Foods (ex Terrabusi) el pasado viernes 25 de Septiembre constituye un hecho por demás repudiable en distintos sentidos.

En principio la actitud de la empresa comportándose como un bando faccioso desconociendo e irrespetando nuestra legislación y soberanía nacional es un dato gravísimo que deja un antecedente más que peligroso para la legitimidad del Estado en el ejercicio de su competencia y jurisdicción en la materia. Recordemos que la empresa multinacional desconociendo cuanta legislación nacional se aplique en el caso (del Preámbulo constitucional para abajo se llevó puesto todo), despidió a más de 150 trabajadores entre los que se encontraban los delegados de la comisión interna e incluso a miembros del consejo directivo del Sindicato Seccional.  

En segundo lugar el repudio debe extenderse a los funcionarios nacionales –empezando por la Sra. Presidente de la Nación- que consintieron este proceder ilegal e ilegítimo, resultando en definitiva cómplices patéticos del atropello patronal.

En tercer lugar, destacado repudio merece la bochornosa y lamentable actitud asumida por toda la primera línea del sindicalismo argentino.

Al respecto la CGT empezó con un ensayo retórico a través del comunicado del 21 de Agosto en el cual calificara el accionar empresario de “provocación destinada a alterar la paz social de la Nación…ignorando toda la legislación laboral vigente en el país”, agregando que “este atropello es producto de esos capitales transnacionales  con un afán exagerado de lucro para los cuales las trabajadoras y los trabajadores no tienen derechos ni merecen el mínimo respeto y para quienes la mejor organización sindical es la que no existe”, advirtiendo que “tendrán que aprender que la Argentina es un país soberano y las leyes que protegen a los trabajadores deben ser respetadas hasta por ellos”; concluyendo al manifestar que "Rechazamos esa actitud que avasalla los derechos humanos de los trabajadores y los principios de la tutela sindical y reclamamos al Ministerio de Trabajo de la Nación un urgente accionar que garantice la salvaguarda de los derechos laborales y sindicales de los trabajadores", finaliza el texto que lleva las firmas de su Secretario General Hugo Moyano, el de Derechos Humanos Julio Piumato y el de Prensa Héctor Daer.

La posición discursiva de la CGT se completa con las declaraciones efectuadas por Hugo Moyano, tres días antes de la represión, afirmando que la situación de los trabajadores de la empresa es "extremadamente difícil" y cargó contra "los sectores de izquierda que llevan a estas luchas fratricidas que terminan con la fuente de trabajo".

La CTA mostró sus dotes retóricas recién ante la feroz represión desatada –hasta esos momentos guardó un inmutable silencio- y ni siquiera mediante un comunicado firmado por su Secretario General, sino a través de declaraciones efectuadas por el Secretario Adjunto Pedro Wasiejko al anochecer del pasado viernes 25/9 a la Agencia ACTA afirmando que "resulta inadmisible el uso de la fuerza para reprimir a trabajadores que están protestando en defensa de sus puestos de trabajo".  Por último, Wasiejko pidió al Ministerio de Trabajo de la Nación que "tome cartas en el asunto para garantizar la fuente de trabajo al personal despedido. De lo contrario, se estará dejando en la calle a más de 150 familias en un contexto de crisis y retracción económica", subrayó. A su turno, Ricardo Peidro, secretario de Derechos Humanos de la CTA llamó "a la solidaridad y apoyo de todo la clase trabajadora en Argentina que defienda el derecho de los trabajadores por sus fuentes de trabajo en la Ex Terrabusi, repudiando tanto estas prácticas de las empresas multinacionales-nacionales como al sindicalismo empresario burocrático que se subordina a los intereses empresarios más que al de los trabajadores".

Seguramente los próximos días 29 y 30 de Septiembre la alta dirigencia de ambas centrales sindicales tendrá oportunidad de limar algunas de sus diferencias en ocasión de llevarse a cabo en la sede central de la CTA en la Ciudad de Buenos Aires el encuentro de la Coordinadora de Centrales Sindicales del Cono Sur (CCSCS), en la que participarán la CGT y CTA (Argentina), la CUT, UGT, Forza Sindical, CTB y CGTB (Brasil), la CUT y CUT-A (Paraguay), la CUT y CAT (Chile) y la CTV (Venezuela) y desde allí seguramente lanzar proclamas internacionalistas por la unidad y la lucha de “los trabajadores del mundo”, incluidos desde ya los de Kraft Foods Argentina.

De todos modos y más allá de las miserias puestas de manifiesto por estas nuevas y viejas burocracias, el conflicto ha traspasado los marcos de lo estrictamente laboral y sindical, habiendo provocado la intervención directa de la plana mayor de la UIA y la intervención oficial de la mismísima embajada de los EE.UU. En  las últimas horas la empresa ha quedado al descubierto en su desmesura e incluso ha sido intimada a regularizar la situación de los trabajadores. Esto de por sí significa un avance del campo del Pueblo y en esta perspectiva es que debe ser considerado.  
     
En medio de este panorama desolador, oscuro y repleto de incertidumbres, los trabajadores argentinos saben que están librados a sus propias fuerzas. Saben que nada pueden esperar de la clase política (incluidos los partidos y agrupaciones de izquierda) y desconfían de las dirigencias burocratizadas sea cual fuere el tono ideológico de sus discursos. Más allá de las apariciones oportunistas que seguramente se sucederán en los próximos días, saben que la diferencia entre un burócrata que está en la conducción y otro que aspira a suplantarlo, no es de calidad, sino de situación.

En los últimos tiempos los trabajadores argentinos vienen ejercitando nuevas prácticas de autodefensa, tanto frente a las patronales como frente a los miles de rostros de la burocracia, a partir de lo cual están forjando nuevos lazos de confianza y solidaridad. Están midiendo fuerzas. Es un proceso de maduración de una nueva conciencia colectiva, trabajoso, lleno de traiciones, de enemigos abiertos y ocultos, de patrones explotadores, de carneros, de funcionarios cómplices, de izquierdas empachadas de teoría, de burócratas encanallecidos, pero también de una naturaleza irreversible.

En medio del exacerbamiento del individualismo que anulara las capacidades de los integrantes de la gran mayoría de las organizaciones sociales (gremiales, políticas, religiosas, etc.) para enfrentar las implicancias negativas del modelo socioeconómico liberal, los trabajadores argentinos se disponen a enfrentar con su propio esfuerzo el poder económico y el poder de fuego de sus enemigos históricos.

En este marco los trabajadores argentinos no necesitan que los halaguen, que les dediquen discursos enternecedores repletos de buenas intenciones con resplandores de fuegos artificiales tremendistas, ni mucho menos tardías y oportunistas solidaridades (que seguramente las sabrán aprovechar); más bien necesitan involucrarse –como la inmensa mayoría del Pueblo argentino- como aporte insustituible del renacer de una conciencia colectiva en la construcción de un Nuevo Proyecto Nacional de Liberación, para dejar de ser instrumentos de ambiciones ajenas y pasar a constituirse como artífices de un destino común.

 

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REGIONAL BUENOS AIRES

EN

CONVOCATORIA POR LA LIBERACION NACIÓNAL

 

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