MPA
Inicio Libros Documentos Galeria de Imagenes Paginas Compañeras Memoria Popular
.
.
.
.
a
 
.
.
. MPA Buenos Aires MPA Río Negro MPA Chubut MPA Neuquén MPA Cordoba MPA Entre Ríos MPA Santa F� MPA Santiago del Estero MPA Corrientes MPA Misiones MPA Formosa MPA Salta MPA Salta MPA Jujuy MPA Tucumán
 
 
AGOSTO DE 1972: ESCAPE Y MUERTE

Por Gabriel Martin

En aquellos días, mientras el dictador Alejandro Agustín Lanusse seguía pensando que al General todavía no le daba el cuero, el retorno de la democracia popular encarnada en el Tío Cámpora estaba cerca.
Mientras las peleas de Monzón y Los Campanelli deleitaban a los que miraban para otro lado, crecía el fuego de la lucha popular contra la dictadura entreguista. En el frío patagónico, un grupo de revolucionarios de Montoneros, FAR, ERP estaban encarcelados en el penal de Rawson, junto al líder sindical Agustín Tosco, desde 1971.




El gran escape

En el penal, los combatientes comenzaron a idear un plan de escape. Para el 15 de agosto de 1972, Tomás Eloy Martínez señala que ya estaban preparados dos caminos, una camioneta y un Falcon para que 120 presos escapen del penal. Los principales ideólogos eran Fernando Vaca Narvaja, Marcos Osatinsky, Roberto Quieto, entre los Montoneros y FAR; y Roberto Santucho, Enrique Gorriarán Merlo y Domingo Mena del ERP.
Ese día, 15 de agosto,  los prisioneros toman el control de la cárcel.
Un mes antes se comenzaron a calentar las turbinas del operativo.


  1. -         Acá tengo los horarios del los vuelos. Para el martes 15 hay uno de Austral que sale de Buenos Aires a Comodoro Rivadavia a las 16hs, y de ahí pega la vuelta a la Capital con escala en Trelew.
  2. -         Ese es el nuestro


Era un lunes 24 de julio, cuando Alejandro Ferreira le reportaba a Víctor Fernández Palmierto y Jorge Marcos. El avión era un BAC-111, que podía transportar a unos 130 pasajeros, cargado con combustible suficiente para aterrizar en Puerto Mont, o tal vez a la socialista Chile de Salvador Allende.
Entre las FAR y el ERP habían acordado separar las tareas. Las Fuerzas Armadas Revolucionarias debía conseguir el transporte terrestre, introducirlos al penal y trasladar a los 120 prisioneros al aeropuerto. EL ERP debía hacer la inteligencia sobre la zona, rutas de escape y disponer un grupo de contención para detener a los marinos de la base naval Almirante Zar y tomar el control del aeropuerto.
Un comando conjunto debía tomar el BAC-111. Las rutas de escape entre la cárcel y el aeropuerto habían sido estudiadas con detalle. La principal iba por el norte de Rawson, y eran 20 kilómetros asfaltados, pero repleto de retenes policiales en los accesos de la capital chubutense y Trelew. La ruta de ripio salía hacia el oeste y tenía 25 kilómetros, sin custodia y su única dificultad era que en la salida de Rawson y el ingreso a Trelew debían cruzar puentes sobre el río Chubut.
En el libro La Voluntad, se reproduce el cálculo de tiempo que había realizado el “Colorado” Marcos Lewinger.


  1. -         En pedregullo hay que manejar despacio, pero si los choferes de la erre (ERP) son buenos, tenemos que tardar entre 25 y 30 minutos.

 Víctor Palmiero estaba preocupado por la cantidad de militares que habría que sortear, y le dijo:

  1. -         Vamos a los grosso. Necesitamos por los menos 15 compañeros para el grupo de contención; desde que empiecen las acciones en el penal hasta llegar al aeropuerto tenemos que calcular más de una hora. En ese tiempo los marinos de la base ya pueden mandar patrullas, así que para fijarlos en el terreno vamos a necesitar un grupo muy fuerte.

 Rawson contaba con 100 efectivos del ejército y gendarmería con poca capacidad de movilidad, aunque a apenas tres calles del penal. La policía de la capital y la vecina Trelew tampoco tenían la logística suficiente para enfrentar la magnitud del operativo.

Alejando Ferreyra hacía cálculos sobre las posibilidades y contramarchas que podían presentarse.

  1. -         Cada uno de los problemas es controlable, pero todos son frentes de combates posibles, y cualquier enfrentamiento significa pérdida de tiempo para llegar al aeropuerto y aumentan las posibilidades de que los marinos entren en acción.

 Lo lógico era que en la base naval tuvieran ya hecho un plan de contingencia ante una eventual toma del aeropuerto, lo cual aumentaba el riesgo de la operación. Palmiero tenía en cuenta esto, pero estaba decidido:
-         Con 15 compañeros podemos hacer la contención durante un buen tiempo, y mientras los marinos preparan las compañías, entre que dejan la seguridad del cuartel y se aproximan al aeropuerto pasa una eternidad... y sino vemos.
 Palmiero abordaría el avión en Comodoro Rivadavia junto a otros cuatro compañeros; por su parte Ferreyra y Lewinger llegarían por tierra con otros ocho. El plan no era definitivo para Palmiero, que decía que pese a la decisión tomada por los prisioneros de abordar el avión de Austral, barajaba la idea de utilizar un avión propio. Algunos compañeros ya habían utilizado avionetas para cruzar a Chile, pero los resultados no eran siempre los esperados.

  1. -         No tienen cartas de vuelo adecuadas. Una vez salieron y creían que aterrizaban en un lado y terminaban en otro, y además las pistas son malas.

Para el viernes 4 de agosto, Palmiero y Jorge Marcos repasaban los últimos puntos del plan. Todo era cada vez más complejo y no sabían si todo estaría aceitado para el martes 15. El director del penal había sido relevado, aparentemente por malos tratos, y no por alguna información sobre el eventual escape, aunque de todos modos, los guardianes de la cárcel estaban en constante alerta. Los militantes comenzaron a arribar a Trelew para disponer la contención, ante la atenta mirada de los pobladores que parecían inquisidoras. Se había dispuesto en Bahía Blanca una suerte de “Plan B”, con casas seguras para utilizarlas como punto de partida final, aunque la fuerte presencia de la marina en la ciudad acrecentaba el riesgo. Lo peor era que uno de los camiones que las FAR habían robado, fue detectado por la policía en Ciudadela, que desembocó en un tiroteo en un bar del cual sólo escapó uno de los militantes, y el otro cayó detenido. Si hablaba, se quemaban todos los planes. Pasando por arriba todas las reglas mínimas de seguridad y confiando en que el detenido no hablaría, el responsable de la FAR decidió seguir adelante con el plan. A los tres días, tres camiones, una camioneta y dos automóviles iban por la ruta 3 rumbo al sur. Carlos Goldenberg manejaba uno de los Ford Falcon, mirando la infinita ruta y cayendo en cuenta de que no había vuelta atrás.

El lunes 7 de agosto, los militantes se reunieron por la noche en una casa de Bahía Blanca. Entre ellos estaban Jorge Marcos, Alejandro Ferreyra y Víctor Palmiero por el ERP; Esteban, chofer  de uno de los cambiones y responsable del operativo, Carlos Goldenberg y Ana Wiessen de las FAR. Pese a estar todo listo, seguían discutiendo el plan. Esteban y Palmiero afirmaban que las condiciones no estaban dadas. Marcos y Ferreyra que ya no era tiempo de discutir si la acción podía o no realizarse, había que seguir adelante y Jorge Marcos sentenció:

  1. - La decisión está tomada y sólo podemos discutir cómo se hace.

Luego de tres horas de discusión, miradas de sospechas y puteadas, acordaron que la operación se haría y Palmiero cedió:

  1. -Yo acepto sacrificarme yo, pero no voy a sacrificar a nadie. Así nadie va a pensar que yo me cago. Para mí es un problema operativo.... esto es una locura.

Finalmente, en vez de desplegar el grupo de contención de 15 milintantes del ERP y las FAR, se dispuso un grupo más reducido:

  1. -Al avión lo tomamos él y yo (Ferreyra y Palmiero), y que el Colorado se quede en el aeropuerto como enlace y para recibir a los compañeros.
  2. -Bueno, que Jane (Ana Wiessen) vaya en el avión con ustedes, dijo Esteban.

Esteban, Goldenberg y otros dos choferes esperarían fuera de la cárcel sin protección ni apoyo alguno. Goldenberg manejaría el automóvil al que subirían Roberto Quieto, Fernando Vaca Narvaja, Osatinsky, Santucho, Gorriarán Merlo y Menna. Esteban estaría al mando de una camioneta y otros dos compañeros pilotearían los camiones que llevarían al grueso de los prisioneros al aeropuerto. No había marcha atrás.
El 15 de agosto parecía un día más dentro de la cárcel. Pero los que escaparían sabían que no debían comer demasiado.  O tal vez los nervios cerraría sus estómagos. El inicio del operativo escape estaba pautado para las 18 horas. Hasta un día antes, poco más de una docena de los 120 eran tan sólo los que sabían del operativo, pero el resto olfateaban que algo se estaba cocinando, y no era ningún cordero patagónico. En el patio, Osatinsky y Santucho le comunicaron a Agustín Tosco que se produciría el escape y que, si quería, tenía un lugar. Tosco respondió:

  1. -Miren, les agradezco y les deseo toda la suerte, pero yo no puedo rajarme así. A mi me toca esperar a que me liberen las luchas populares. Para ustedes, que están en la lucha armada, es lógico que traten de fugarse, pero yo no. Igual les deseo que todo les salga bien compañeros, en serio.

Mientras los reclusos hablaban, Carlos Goldenberg estaba a 20 kilómetros, en Trelew, con el Falcon que llevaría al grupo más renombrado. El operativo había comenzado.
Goldenberg chequeó los relojes con el resto y verificó que su tanque de combustible estuviera lleno. Marcos estaba en el hotel de Trelew, esperando las 18 horas ir al aerpuerto y ser enlace entre los fugados y el avión. Wiessen estaba también en Trelew, esperando abordar el avión de Austral.
Ferreyra y Palmiero estaban en el bar del aeropuerto de Comodoro Rivadavia, esperando tomar el vuelo. Ambos debían recibir la luz verde desde la cárcel que indicaría que el escape se había iniciado. Poco antes de las 17:30 hs, una mujer se acerco a Ferreyra, le pidió fuego y le dijo: “Está todo en orden, ya están listos. Mucha suerte”. La misma mujer inmediatamente se comunicó a Rawson, para decir que los comandos tomarían el avión en Trelew, tal como estaba dispuesto.
En el aeropuerto de Comodoro Rivadavia se comunicaba a los pasajeros que el vuelo de Austral con destino a Buenos Aires, previa escala en Trelew, partiría a las 18:30 hs, veinte minutos más tarde del horario correspondiente.
Había cuatro grupos de apoyo. Uno en Buenos Aires, otros en Trelew, Rawson y Comodoro Rivadavia, todos comunicados telefónicamente, y pasaban mensajes a los presos con señales acordadas.
En Rawson, frente al penal, un hombre informaba al interior que el vuelo había partido desde Buenos Aires, hacia Comodoro Rivadavia. En el interior de la cárcel, se prepararon, pero aún no debían entrar en acción. Una segunda señal avisaría al interior, que  el avión emprendía el regreso a la capital, con escala en Trelew. Esta señal marcaría el inicio del operativo dentro de la cárcel, mientras el vuelo de Austral partía desde Comodoro Rivadavia hacia Trelew. Una demora entre los enlaces, esta señal no llegó a las 18 horas, como se esperaba, y en el interior seguían esperando alertas. El Comité de Fuga, dentro del penal, veía que la señal no llegaba y a las 18:20 analizaron las dos opciones, o se suspendía todo para otra oportunidad, o seguir esperando. Santucho y Osatinsky decidieron esperar otros cinco minutos. A las 18:22 llegó la señal y los presos activaron el operativo, debían tomar en apenas ocho minutos, todas las armas posibles, y vestimentas militares o de guardia cárcel. A las 18:30 comenzaron a copar el penal. Diez minutos más tarde, sin disparar un solo tiro, habían tomado la sala de armas y los puntos principales de la cárcel. Luego, uno de los comandos se dirigió hacia el puesto ramado que estaba a 100 metros del edificio principal de la cárcel, a pocos metros de la salida. Allí, un guardia cárcel sospechó y cuando intentó dispararles, a cambio de la voz de alto recibió una ráfaga de FAL. Eran las 18:45. Fue la única víctima del copamiento.
Fuera del penal, luego de los tiros, Esteba, luego de escuchar los tiros imaginó ver una frazada agitándose detrás de las rejas de una ventana, señal que interpretó que todo había fracasado y, aunque no había ninguna señal estipulada en tal sentido, dio la orden de retirar los camiones y la camioneta.
Goldenberg, por su parte, esperaba la llegada de los camiones y escuchó los tiros. Los camiones nunca llegarían, pero permaneció en el lugar. Cuando la puerta del penal se abrió, aceleró el Falcon y recorrió los cien metros para que su grupo abordara el auto. Santucho, Vaca Narvaja, Quieto y Mena, Gorriarán Merlo y Osatinsky subieron, y estaban listos para emprender la carrera hacia el aeropuerto. Goldenberg no se había dado cuenta de que los camiones no estaban, y cayó en cuenta de esto cuando preguntaron Santucho y Osatinsky por la ausencia de los mismos. Osatinsky ordenó salir abuscar a los camiones. Sólo Fernando Vaca Narvaja estaba disfrazado con un uniforme militar. Durante cinco minutos circularon buscando a los camiones, hasta que Osatinsky lanzó otra orden: “Al aeropuerto”.

A las 18:50 el avión de Austral aterrizaba en Trelew. Ana Wiessen debía subir y darle una señal a Palmiero y Ferreyra que todo estaba en marcha y debían tomar la aeronave. Pero Ana no subió, porque recibió el dato de que los camiones se habían retirado, pero que uno de los autos había salido del penal. Dos enlaces dispuestos en el aeropuerto, con la información confusa, decidieron que había que demorar el despegue.
Wiessen corrió a la ventanilla de Austral para pedir que el avión espere unos minutos, argumentando que su equipaje se había perdido y cuando no pudo sostener esto debió abordar el avión. Allí, junto a Ferreyra y Palmiero deciden tomar el avión a pesar de la confusa información. “El avión está tomado por un comando del ERP y las FAR, vaya hasta la cabecera de la pista y deje los motores en marcha”, ordenaron al capitán del avión. “Por favor, quédense sentados y pongan las manos en el asiento delantero”, dijo Wiessen a los pasajeros.
Pocos minutos después, un Falcón a toda carrera se acercaba al avión. Los siete guerrilleros que iban con Goldenberg pensaron que el avión ya habría partido, sin encontrar rastros del comando que debía estar apostado en el hall central del aeropuerto. De todos modos, alcanzaron a abordar la aeronave, y partieron rumbo a Santiago de Chile. Habían esperado diez minutos pensando que los camiones llegarían, pero cuando la demora era insostenible, ordenaron el despegue.
Mientras tanto, 110 presos mantenían el control del penal, pero estaban a pie esperando los camiones que jamás llegarían. Hasta llegaron a pedir taxis, y en cuatro de ellos se subieron 19 militantes. Llegaron al aeropuerto a las 19:45, pero el avión de Austral ya no estaba.
Al ver que no tenían escape, 14 hombres y 5 mujeres se prepararon para resistir en el aeropuerto. El capitán de corbeta Luis Sosa llegó con un batallón inmediatamente, y el sitio se prolongó por horas. Los militantes eran concientes de que no tenían salida y sabían que debían entregarse más temprano que tarde. Para ello pidieron la presencia de un juez y de la prensa, para asegurarse que no serían víctimas de maltratos. El control lo tenían Mariano Pujadas, por Montoneros; María Antonia Berger por las FAR, y Pedro Bonet por el ERP.
A las 21 horas dieron una conferencia de prensa. Los tres jefes se pararon frente a los micrófonos y pese a que la prensa quería detalles del operativo, Pujadas dijo que prefería hablar de política y no dar detalles del escape. El capitan Sosa anunció que llevarían a los presos a la base naval Alimarnte Zar, pero los militantes se rehusaban temiendo por sus vidas, pero Sosa insistió resaltando que luego de la base volverían al penal de Rawson. Pocos minutos después, los militantes se rindieron, abandonando las armas.
“Esto es joda, veníamos a liquidarlos a todos y están vivos. Si se hubieran animado a disparado tan sólo un tiro, no dejábamos a uno vivo, pero se rindieron los muy cagones”, dijo el teniente coronel Muñoz, por lo bajo, pese a que algunos periodistas alcanzaron a escucharlo.
Permanecieron detenidos una semana en la base naval Almirante Zar. La madrugada del 22 de agosto de 1972, pasaría a ser una nueva herida en la historia de la Argentina.
A las 3 de la mañana, el capitán Sosa y el teniente Bravo ordenaron a los 19 detenidos salir al pasillo. Inmediatamente comenzó la balacera, iniciada por una ametralladora que María Antonia Berger vio apostada en la punta de un pasillo. Se sucedían los tiros, los gritos, y nuevos tiros de gracia. Berger quedó herida en su celda, pese a que quisieron rematarla, sobrevivió. Sólo tres tuvieron esa suerte. Otros heridos morirían en el hospital de la base naval. El resto fue fusilado.

a

COMPAÑEROS PRESENTES, AHORA  Y SIEMPRE
Asesinados:
CLARISA LEA PLACE (ERP)
SUSANA LESGART DE YOFRE (MONTONEROS)
MARIA ANGELICA SABELLI (FAR)
ANA MARIA VILLARREAL DE SANTUCHO (ERP)
CARLOS ALBERTO ASTUDILLO (FAR)
RUBEN PEDRO BONET (ERP)
EDUARDO ADOLFO CAPELLO (ERP)
MARIO EMILIO DELFINO (ERP)
CARLOS ALBERTO DEL REY (ERP)
ALFREDO ELIAS KOHON (FAR)
JOSE RICARDO MENA (ERP)
MIGUEL ANGEL POLTI (ERP)
MARIANO PUJADAS (MONTONEROS)
HUMBERTO SEGUNDO SUAREZ (ERP)
HUMBERTO ALEJANDRO TOSCHI (ERP)
JORGEN ALEJANDRO ULLA (ERP)


Sobrevivientes


MARIA ANTONIA BERGER (FAR)
RICARDO RENE AIDAR (MONTONEROS)
ALBERTO MIGUEL CAMPS (FAR)

¡Hasta la victoria siempre!

volver a principal


Esta Página es actualizada por el equipo Técnico y la Sec. de Prensa del Movimiento Peronista Aútentico y con la colaboración de compañeros de todo el país